Estaba triste, ¡pues claro que lo estaba!
-Anda, ven aquí -me dijo él.
Tiró de mi brazo y me abrazó.
Y me gustó. Me encantó.
Encajó su barbilla sobre mi cabeza y mis brazos se sintieron en su lugar durante unos segundos.
Y entonces abrí mis ojos: había empezado a cantar, como hace siempre en clase.
Me separé de él porque la letra era muy bonita y... ¿romántica?
Él miró hacia abajo y quedé (más o menos) frente a él (soy bajita).
-Oh, give me love -me acarició el brazo y acercó mucho su cara a la mía.
Y me quedé embobada unos segundos porque era precioso. Era un ser humano precioso.
Tras la última palabra, se alejó de mí.
Anhelaba su contacto, su aliento, su voz...
Lo necesitaba, así que no me lo pensé dos veces, me acerqué a él de golpe y
le besé.
No sabía que tenía tantas ganas hasta ese momento.
Y... y él respondió.